Justicia

Ni los jueces se salvan

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El protagonista de esta historia se iba de vacaciones a Perú junto a su mujer y decidió dejar su auto particular en el garage de los tribunales de Avenida de los Inmigrantes, donde tiene su despacho. Un empleado de confianza que vieve en Ezeiza lo llevó al aeropuerto y al día siguiente dejó el auto estacionado en el playón reservado para los magistrados. Terminadas las vacaciones, el juez tuvo su dolor de cabeza: le rompieron el vidrio para robarle el stereo, pero también se llevaron algunos documentos del vehículo. No fue la única mala noticia. Durante la tormenta de la semana pasada, voló una cerámica que le destrozó un techo de vidrio que tiene en su casa.