Es casi una regla de la política. Cuando las cosas marchan bien, las críticas se aplacan y los medios miran para otro lado; pero cuando la realidad cambia, aparecen enemigos y detractores de abajo de las baldosas. Eso le está pasando a Juan Pablo Piccardo, uno de los ministros de Macri que está en la cuerda floja, aunque su jefe político aún no se anima a reconocerlo en público. Una autoridad del Banco Galicia se quejaba días atrás de la mala gestión del ministro de Espacio Público. Y contaba -con lujo de detalles- los avatares de una obra que se hizo en la plaza que está justo frente al Teatro Colón, donde la entidad aportó una fortuna para remodelar la fuente. "A la semana se llenó de indigentes, después no tenía agua, no querían poner una reja pero tampoco mandaban policías", se quejaba el banquero en voz alta, al mismo tiempo que le adjudicaba la responsabilidad al ex gerente de Isenbeck. Incluso gente de su entorno, que fue vital para su ingreso al Gobierno, le critica actitudes personales y desprolijidades en temas claves como la concesión del Mobiliario Urbano. "La verdad es que la gestión no es buena", admitió esa fuente, que sigue en el macrismo.
Piccardo cascoteado
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