Té para tres en la Corte Suprema

Horacio Rossatti logró la reelección por tres años pero el escenario es complejo cuando se jubile Maqueda. Lorenzetti apuesta a influir con su poder de veto.

A veces tener el bastón es algo meramente simbólico. La Corte Suprema entra en un estadio de transición. Tres ministros para resolver un fango de expedientes, muchos de ellos de gran trascedencia para el Estado. Los dos futuros nuevos miembros de la Corte, Lijo y Mansilla, son pliegos congelados por las internas políticas.

A Horacio Rosatti la demora lo favoreció para mantener el mando formal, pero cuando se jubile Juan Carlos Maqueda, a fin de año, su postura dominante se iría licuando.

Los dos cortesanos oriundos de Santa Fe protagonizan una disputa furiosa. En el caso de Ricardo Lorenzetti se mueve a través de sus conexiones mediáticas y los foros internacionales.

En cambio, Rossatti es el hombre de los silencios, el sigilo, y los equilibrios con el poder. Ha confrontado, con algunas definiciones al actual gobierno nacional. Lo bendijo, en su momento, Cristina y hace mucho que está enfrentado con la ex presidente. Su canal preferido con la política es Lilita Carrio.

Nunca hubo, al menos en la historia reciente, dos ministros del Alto Tribunal tan claramente enemistados y dispuestos a horadar el poder el otro.

 

El día después de la reelección de Rossatti como presidente, Lorenzetti decidió hacer fuertes declaraciones advirtiendo que la Corte podía aun ser motivo de cambios dentro de su funcionamiento interno, de acuerdo a nuevas incorporaciones. La respuesta del otro lado fue dictar una resolución creando un nuevo portal judicial, tapando al vigente CIJ (Centro de Información Judicial), una creación de Lorenzetti y su equipo.

Nunca hubo, al menos en la historia reciente, dos ministros del Alto Tribunal tan claramente enemistados y dispuestos a horadar el poder el otro.

Ante el empantamiento de la máxima cúpula de la Justicia, el oficialismo prefiere por ahora no innovar. Han rechazado las tentaciones de aumentar el número de los miembros de la Corte, mientras cruzan negociaciones hasta con el kirchnerismo para el ingreso del polémico juez Federal de Comodoro Py. Los tres que quedarán, Rossatti, Lorenzetti y Rosenkrantz, tienen la necesidad de legar a fallos unánimes. Caso contrario, deberían convocarse a un conjuez. Solo algunas desiciones administrativas pueden colgarse la victoria con solo dos votos.

Mientras, el poder de veto de Lorenzetti puede ser un efecto paralizante para una Corte, a meses de cumplir 161 años de fallos que siempre tuvieron como norte interferir lo menos posible en definiciones económicas pero si marca jurisprudencias y límites políticos. La Corte es básicamente un poder de contralor. En parálisis puede ser una gran noticia para un gobierno anti casta.