La conversión al judaísmo por parte del presidente parece no haberle cambiado su espíritu confrontativo. Por el contrario, al punto se regodea con la muerte de otros y los efectos del ajuste económico. En su arenga ante un foro empresario dijo: "Parece que los muertos se vuelven buenos, pero no, este era un hijo de remil puta y va a ser recordado como un hijo de puta", exclamó el Presidente. Se refería así a la muerte del ex ministro de salud Ginés Gonzáles García.
Días después, subió la apuesta metiéndose en la interna peronista. Aportó otra pieza de odio: “Es un problema de la oposición, ahora... también hay una parte de morbo y es que me encantaría meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo, con Cristina adentro”.
El morbo, admitido en primera persona por Milei, forma parte de su envase de comunicación política. A no dudarlo que también condice con el admitir que hizo el ajuste más gravitante de época, durante la última temporada veraniega .
"Era importante hacer el ajuste en vacaciones para que la gente no se enterara", subrayó el presidente, oxímoron de Roberto Carlos. Milei busca un millón de enemigos.
A los estudiantes universitarios los tiene también como los adversarios rojos . Sus funcionarios se envalentonan y emparentan marchas y tomas a movimientos subversivos de los 70. Patricia Bullrich los sindicó como movimientos desestabilizadores.
Asoman la cabeza otros funcionarios como el titular del Anses, Mariano de los Heros, quien tuvo la feliz idea de parafrasear a Aníbal Fernádez, con esto que los jubilados tienen "la sensación" de perder ante la inflación.
Ni al peor enemigo se le desea la muerte. Es un precepto religioso el no tener ese pensamiento ni siquiera con la vida propia. Salvo que la famosa conversión del presidente sea más de un líder fanático a la de un pastor de la paz.
Dicen que el Papa estaría cada vez más convencido que- en este contexto de virulencia- su presencia en el país no tiene mayor sentido. ¿No era que el Papa es necesario en las guerras más que en los armisticios?
Lo de la Argentina es una guerra, a no dudarlo. Una guerra invisible. De todos los días. Un conflicto cruento que corroe la capacidad de disernimiento sobre lo real. La guerra de los muertos y los muertos vivos.
Horacio Caride




