Guillermo Moreno tiene una rutina que muy pocos conocen. De lunes a viernes, cerca del mediodía, llega al Edificio Libertador para concurrir al gimnasio de esa dependencia militar. Tras una dura rutina que contiene cinta, fierros y un poco de boxeo, el Secretario de Comercio se dirige a los vestuarios, casi sin dirigir palabra, a los curiosos y temerosos hombres de uniforme. Una vez allí, repite una ceremonia de exhibicionismo y poder que repite ante los presentes. Cuentan, que tras salir de la ducha, en medio del vapor, deja caer la toalla de la cintura, la pisa en el centro del vestuario y con un vigor obsesivo se entalca con frenesí los testículos. Su postura en similar a la de un All Blacks haciendo el Haka. La tribuna no se atreve a expresar ni un suspiro. A veces lo acompaña su amigo y custodio personal, el polémico Acero Cali. Moreno ha asistido a la últimas cenas de camaradería de las Fuerzas Armadas, y dicen que sueña con un Ejército unido a la "década ganada".
Talco y botas
1 min de lectura
Actualizado: 10/06/2013




