El horno no está para bollos. El Muñeco dejó de ser esa esperanza y orgullo de otros tiempos. Gallardo vive encerrado en sus fantasmas de ser el ídolo y no poder cumplir con las expectativas de un DT que acumula 10 derrotas consecutivas en 15 partidos. Su muñeco se derrite y amenaza con terminar triste la historia como en el arranque de Frozen, la pequeña Anna que quería liberarse del encierro y de la pérdida de poderes.
Anoche, Gallardo eludió la conferencia de prensa tras la derrota 1 a 0 ante Vélez. A las 18 citó al plantel en Ezeiza y podría comunicar su despedida. La dirigencia millonaria quiere que se vaya de la mejor manera posible. ¿Cómo sería?
Que acepte dirigir el último partido en el Monumental frente a Banfield, y que tenga a la hinchada a su favor. Una salida elegante abriendo la puerta a que algún día pueda pegar la vuelta. Eso, además, le permite a las autoridades riverplatenses ganar un poco más de tiempo para su reemplazo.
Es sumamente complicado el panorama para prever que el Muñeco pueda continuar e intentar revertir el maleficio. A los jugadores que parecen no responderle como antes, se suman una serie de lesiones de jugadores clave.
Stefano Di Carlo mantuvo cerrado hermetismo cuado periodistas cercanos quisieron saber si la derrota en Liniers cerró esta etapa del ídolo de River. El joven presidente de River está en una verdadera encrucijada. Sabe que se colmó la paciencia deportiva, y a la vez tiene las manos atadas para echarlo.
Los últimos segundos del partido frente a Vélez tuvieron un signo de agotamiento del DT. Hacía ademanes y los jugadores desobedecieron sus órdenes de tirar centros e ir a buscar la heroíca. La confusión es total. La contracara de este ánimo son los hinchas de Estudiantes, que le dieron una despedida emotiva al Barba Domínguez. Se va ganador total como alguna vez lo hizo Gallardo.




