El martes, cuando ingresó desde Paraguay, lo hizo camuflado bajo el uniforme de Alacrán, el equipo élite de Gendarmería. Lo que no se sabía es que al ingresar a las oficinas del Aeropuerto los funcionarios de Migraciones insistieron con llenar los formularios y el papelerío correspondiente.
Para ello, exigieron que se quitara la capucha y casco que llevaba puesto, algo a lo que Gendarmería se opuso al comienzo, pero luego accedió a la petición y le hicieron todo el papelerío como uno más.
Luego fue alojado ese mismo día en el edificio Centinela, de Gendarmería, en donde le tomaron las huellas unas 30 veces: ello porque se sabe que Pérez Corradi tiene adrede limadas sus huellas dactilares para evitar ser identificado mediante ese método.
Fue el propio Pérez Corradi quien le comentó, los trajines de sus últimas horas, a la jueza María Servini de Cubría. Luego de finalizar la audiencia, hubo un pedido de Pérez Corradi: realizar un llamado a Paraguay, y solicitó que le den los cordones de los zapatos, algo que le quitan a todos los detenidos.




