Hay un presidente dispuesto a hacer de la palabra un arma. Milei entiende que la disidencia a sus creencias e ideas son un enemigo a combatir. No fue casualidad que en su nueva arremetida adjetivara, a los periodistas críticos , como "sicarios", coincidiendo con una trama de sicariato en Bolivia , protagonizada por un excolaborador de su gobierno.
Al menos sonó a poco oportuno la comparación, en paralelo con el caso reciente del ataque a un mujer , ex pareja del detenido Cerimedo, acusado de tramar el intento de femicidio.
Milei sigue pensando que todavía la sociedad " no ha odiado lo suficiente a la prensa". Un mandatario tiene todo el derecho de replicar análisis o informaciones que disten de su visión del mundo, pero llamar "basura humana" a un periodista es pasarse varias estaciones, a lo que debería concordar con su envestidura y responsabilidad pública.
Alfonsín, padre de la restauración democrática, era un gallego gruñon. Nunca traspasó, sin embargo, los límites de esos eventuales enojos , entendiendo como ninguno- de los que lo sucedieron -la importancia de respetar el pacto democrático, tras la noche más larga y oscura de la dictadura.
Vinieron otros , que intentaron iniciativas de amordazar a libertad de expresión o utilizar instrumentos de estado para espiar o atozigar a periodistas disidentes. El sistema siempre reguló esas maliciosas intenciones, por lo menos hasta ahora.
El polítologo , Hernán Brienza, hizo un análiss oportuno, del cuadro actual de situación : "los tres grandes pactos sociales en Argentina que son la educación, la inclusión de los trabajadores y la democracia ya estan rotos”.
Claro que no todos los periodistas son malos para el Señor presidente. Sus preferidos son aquellos que dan el pie justo para que su película no sufra interrupciones . Sueños o pesadillas de un presidente que grita sin escuchar lo que pasa a su alrededor.
Horacio Caride




