El miércoles pasado, luego de romper el silencio en la tapa de la revista Noticias, Horacio Quiroga decidió hablar con Elisa Carrió. Se comunicaron por teléfono. La diputada le dijo que estaba a punto de empezar la sesión en Diputados. Quiroga se mostraba apurado. Le respondió que estaba cerca del Congreso y le ofreció ir a verla. Minutos después tuvieron una charla en una oficina del bloque de la Coalición Cívica, testigo de por medio. Quiroga le dijo que conocía a su padre y le dio varias referencias de gente conocida de su familia en el Chaco para ganar su confianza. Acordaron encontrarse nuevamente en una escribanía el viernes a las 9 de la mañana. Quiroga se explayó durante un par de horas. A la tarde recibió algunos llamados de un supuesto empleado del juzgado de Casanello que lo citaba a declarar al día siguiente. Mintió por miedo: dijo que estaba en Uruguay. Carrió y su equipo decidieron hacer una denuncia judicial a primera hora del viernes. Finalmente se confirmó oficialmente la citación a través de las agencias de noticias y se desactivó la denuncia. Teniendo en cuenta las contramarchas de otros testigos en la causa, la diputada activó una jugada fiel a su estilo y mandó a su abogado al juzgado con la declaración de Quiroga certificada por escribano. Casanello sintió que le estaban marcando la cancha y se lo hizo saber al testigo durante la declaración. Quiroga declaró durante nueve horas. A la 1 de la madrugada del sábado, salió de Tribunales y se fue directo al domicilio de Carrió. Charlaron hasta las 3 de la madrugada. La diputada cree por ahora que el testigo es creíble. Y piensa llevar la denuncia a tribunales internacionales porque no confía en la investigación de Casanello. Lo cierto es que la declaración de Quiroga ante el juez no fue contundente. En los puntos más importantes dio un paso atrás, aunque al comienzo había expresado que ratificaba todo lo dicho en la entrevista.
Las entretelones de la declaración que puede complicar a Báez
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Actualizado: 16/09/2013




