Se juntaban en un conocido restaurante, cerca de la Legislatura porteña que connota simbologías peronistas. Uno de los anfitriones, Martín Insaurralde, era un sub 40, al igual que sus amigos de la política. Una mesa de galanes y de colores políticos transversales donde también se jactaban de sus andanzas un dirigente muy cercano a Vidal, que terminó eyectado por denuncias penales, y otro cercano a Daniel Scioli, que estuvo en un organismo de contralor.
A la vez , sin derrochar tanta pinta, se sumaba un ex consultor devenido en dirigente político. El postre era hablar de los chocolates, los de las cajas negras de la política. La anécdota demuestra que hace por lo menos 20 años que el sistema de falsos empleados funciona en diversos organismos del Estado.




