El documental , El Partido, vale la pena verlo en el cine. Una muy buena previa para el Mundial. Ese pibe, que sigue embelesado con Messi, tendrá otras perspectiva sobre aquel otro 10 que escuchó tanto hablar en conversaciones con el viejo ochentoso.
La peli plantea las cosas claras desde el vamos. Reunir a un grupo de sobrevivientes de aquella batalla en el estadio Azteca en el que la Argentina pareció vengar la guerra de Malvinas. La Mano de Dios es uno de los motivos de mayores controversias de la historia mundialista. Está claro que con las reglas de hoy, es decir la tecnología reinante, el mago de Fiorito hubiera sido amonestado y el gol anulado.
En ese sentido, hay otra noticia , que volviendo del túnel del tiempo, pone el ojo visor ,el documental de Juan Cabral y Santiago Franc. Es una infracción grosera del Checho Batista, un poco atrás de la mitad de campo, instantes antes del comienzo de la obra maestra de Maradona , desparramando ingleses. Uno se va por momentos con la sensación de que si hubiera existido una justicia irrestricta, la gloria de los de Bilardo hubiera quedado trunca. Dios estuvo más que nunca del lado argento.
Y hasta hay un. último detalles en el que se recuesta el film. Como en un diván de pantalla gigante , el hincha que tuvo la garganta desconocida en el 86, advierte que el vasco Olarticochea salva una pelota con destino de gol de los ingleses, en los últimos minutos. Con la nuca y de palomita, la bautizó "la Nuca de Dios". "Me tiré de palomita contra nuestro arco y con la nuca la pude sacar ante la presencia de Lineker, que estaba listo para empatarnos. Por suerte lo anticipé y llegué antes...", dijo el héroe de Saladillo .
El vasco le había dicho chau a la Selección, meses antes del comienzo, cansado de la excentricidades del Narigón. El DT lo fue a buscar a su pago y lo citó pasado el peaje de Flores. Con un ladrillo, dibujó en una pared el planteo táctico que pretendía para el volante. Tras una larga prédica lo convenció.
El final de El Partido plantea un duelo de camaradería entre los rivales del 86 jugando un metegol. Sonrisas cómplices y todos un signo de admiración por el Dios de la cancha ausente. Parece un recuento de veteranos de guerra. Las luces se encienden, la sala se despeja con perdigones de pochoclo. Quizás muy pronto El Partido se vuelva a producir con nuevos actores.
Horacio Caride




