En Comunicación se sabe que detrás de un silencio suele venir algo importante. Sino aparece el famoso bache. Hay tres momentos de silencios icónicos en la televisión de la democracia a colores.
El primer cultor desde un rictus estético de los silencios fue el Negro Hugo Guerrero Marthineitz. El genial peruano hizo una carrera brillante en nuestro país, sobre todo en la radio. Sin embargo, el recuerdo de mayor reconocimiento y brillo fue el programa de entrevistas A Solas.
En un ambiente oscuro y despojado, el Negro comenzaba la entrevista mucho antes de que el director de piso diera la orden de play. Por eso la conversación aparecía empezada. Esos largos silencios, que muchas veces era interrumpidos por una ostentosa carcajada del conductor , incomodaban tanto como lo adictivo que terminaban siendo .
Pese a lograr momentos únicos de reflexión, huecos aun posibles antes de la llegada de las redes sociales, Hugo Guerrero era apodado "el peruano parlanchín".
Tiempos, los 80, donde todavía no estaba vedado el cigarrillo para los espacios cerrados, y tanto en la ficción como en los programas , el humo era parte del decorado. El Negro generaba la neblina artificial, en medio de la oscuridad y el silencio.
En el 91, levantan un programa que se llamaba Periodismo con Opinión, en canal 13 privatizado, en pleno menemismo. La conductora era Liliana López Foresi, quien en las últimas emisiones guardaba largos silencios en los cierres y se sacaba los aros, como una señal de protesta al sentirse censurada.
Un episodio muy disruptivo fue en el programa que tuvo Lanata en América TV , en Detrás de las Noticias. Ocurrió en el 2002, cansado de ninguneo del canal. Le entregaban tarde el programa ya que hacían muchos ruidos sus investigaciones contra el poder. Estuvo 11 minutos leyendo un libro en silencio.
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