Expediente Político

Cuando un país quiere ser Scaloni y está más cerca del Chiqui Tapia

El DT de la Scaloneta es un aspiracional. Exitoso, humilde, transparente y con la palabra justa. Afuera nos ven diferente. En algo nos debemos hacer cargo.

3 min de lectura Actualizado: 22/07/2026
Cuando un país quiere ser Scaloni y está más cerca del Chiqui Tapia

Lionel Scaloni palpita la Argentina desde la Selección. Vive, principalmente, en Mallorca (España). Estableció su base en la isla junto a su esposa, Elisa Montero, y sus hijos. Sin embargo, su lugar en el mundo es Pujato, el pequeño pueblo santafesino que lo recibió otra vez como  un héroe, tras haber conseguido el subcampeonato del Mundial.

Tras estar concentrado 45 días, llorar y hacernos llorar en sus emotivas conferencias de prensa, el protagonista de esta película se tomó el tiempo de recibir a uno por uno fans que se acercaron a brindarle admiración en la casa paterna.

Consultores lo miden. Los números son la envidia de los desprestigiados políticos que tratan de subirse a su tiempo de gracia. Dicen que reúne tres condiciones: humanidad, humildad y honestidad.

El hombre preferido de las tías solteras tiene al lado al Chiqui Tapia. Es un personaje muy antagónico a la transparencia que proyecta el DT. Hay en esa mezcla una síntesis de lo que convive en esta Argentina diversa: la de los laburantes y la de los buscas. Un país donde hasta el más honesto debe embarrase -a veces- la suela de los zapatos. El sistema de ventajistas y ventajeros está muy por abajo del aspiracional Scaloni.

Hubo un tiempo que para obtener referencias deontológicas en asuntos abordados por los medios solo se podía acudir a dos personajes: Ernesto Sabato y René Favaloro. Uno, el notable escritor y referente del Nunca Más vivía amargado en su sufrido existencialismo. El segundo,  tuvo un final trágico ya que se suicidó dejando una carta póstuma denunciando la  exigencia de  retornos- por parte del estado- para asistir al quebranto de su Fundación modelo de la cardiología.

El sistema de ventajistas y ventajeros está muy por abajo del aspiracional Scaloni

Scaloni parece protegido de esas vicisitudes filosóficas. El fútbol simula ser una cápsula mágica de alegrías y pasiones desbordantes. Aunque , se sabe que la pelota está manchada por directivos ricos y operaciones millonarias vidriosas. No se descarta que el FBI  despierte otra vez el león, como cuando metió presos a capos del fútbol por el llamado FIFA Gate.

Inevitable los recuerdos cuando se nos impuso a los hinchas el insoportable cooling break, con el pretexto de cuidar la salud de los deportistas por altas temperaturas. Las marcas tuvieron un playón formidable para seguir facturando en detrimendo del espectáculo.

La campaña anti argentina desatada, en el transcurso del Mundial de los EE.UU., resulta un fenómeno peligroso de la ignorancia de odiadores de las redes. Se sumaron personalidades artísticas acusando a los argentinos de ser racistas.

Sus golpes fueron como de barrabravas internautas. Los cabezas de termo , ya no son los punteros de clubes o violentos hooligans. Ahora, millonarios, famosos, celebritis e influencers, son exponentes de la raza de "humildes arrogantes", es decir grande simuladores de la civilidad que apuntan a la barbarie latinoamericana.

Tiene razón si  desde el exterior analizan que Scaloni es un excepcional insertado en una sociedad complicada. Algo tan cierto como que que la sensibilidad de un Almodovar no abunda en España  o  que la magia de un Michael Jordan  ha sido algo único en la sociedad norteamericana.

Las sociedades se nutren de unos pocos excepcionales y muchos mediocres comunes. También están lo mortales. No quita, igual,  que no debamos revisar tantos sesgos para adentro, sin esperar el próximo Mundial.

Horacio Caride