Política

Milei en medio de la Nada

Un presidente que copa la escena ante una de las peores crisis de representación. No se grita "que se vayan todos".

3 min de lectura Actualizado: 08/11/2024
Milei en medio de la Nada

Nada es una serie que fue la excusa para que Robert De Niro visitara Buenos Aires y degustara nuestra gastronomía. Nada también una una hermosa canción tanguera: "Nada, nada mas que tristeza y quietud...".

La Nada es para la filosofía toda una temática de abordaje. Sin ella no tendría sentido la existencia. Con ella, cobra escalofriante sospecha la acechante muerte. Nietzsche pensaba que  “el hombre preferiría querer la nada a no querer”.

El presidente Milei emergió de la Nada misma. La ciudadania, invadida por el hastío de lo viejo y conocido, decidió embarcarse en un experimento. Un laboratorio con gente adentro dispuesta al sacrificio, estirando la paciencia a márgenes insospechados.

La mayoría de la dirigencia tradicional, abroquelada en el Congreso o en otros dispositivos del sistema, balconea el espectáculo aportando declaraciones como aquellos críticos de cine, que terminan empalagados con su propia verba, señalando con el dedo lo que a uno le tendría que gustar.

Una encuesta última que recibió la Rosada ubica en torno al 45% la imagen positiva del presidente . Mientras que otro sondeo con alcance continental indica que el jefe libertario sigue siendo el dirigente mejor ponderado en el país, aunque al mismo tiempo gana terreno la desaprobación a su gestión.

Milei pudo haber bajado en las encuestas y en la calle ya se escuchan comentarios de cierta distancia preventiva hacia el disruptivo personaje. Sin embargo, la Nada sigue enfrente apuntalando el show del autócrata .

Peronistas , radicales y actores de reparto se desprenden en pequeñas células muertas , algunas de ellas escandalizadas por los alcances de la lengua venenosa del primer mandatario.

Las voces mas criticas de alcance a los sectores medios con recuerdos de progresismo han sido de la veteranía actoral. Mirtha y Norma Briski, una con elegancia otro con un histrionismo complejo, sacudieron la modorra del debate público.

En el último capitulo del demoledor de estatuas el blanco fue el llamado Padre de la Democracia: Raul Ricardo Alfonsín. No esta bueno que ningún actor, de la recuperada vida democrática,  quede en pie ni se le valore el más mínimo detalle de lo que dejó como legado.

Ya no suenan cacerolas ni el "que se vayan todos". Quizás muchos son fantasmas que no se dieron por aludidos de una fecha de vencimiento ineludible.

Los gritos del León no despertaron del sueño de un sistema confortable. Fueron un golpe de realismo .Lo penoso es que corren  tiempos de  una verdadera pesadilla.

Milei subsiste ante la Nada y es la vez la Nada misma.

Horacio Caride