"Quien pondrá fin a mi diario, al caer la última hoja de mi calendario". Joan manuel Serrat.
La muerte encuentra una extraña fascinación en la métrica de los medios. Un crespón negro es signo de aura noticiosa. El "si querés llorar, llorá ...",( de Moria ), se impone con frenesí.
En los bares, se despliegan morbosas apuestas, entre pocillos humeantes, sobre quiés será el próximo famoso en partir. Pagan, entusiastas de buena vibra, por la Chiqui , en tren de que llegue a los cien años.
Nada como un corrosivo grupo de WhatsApp - ese de egresados de la camada 1984 del secundario- que notifica la partida de Juancito. "Fue un bobazo". "Con lo sanito que parecía...", reflexiona el simpático del grupete.
Los griegos tenían una relación natural con la muerte . La veían como el camino invitable hacia el reino de Hades. Un Dios implacable que no cede ante los ruegos, las lágrimas ni las súplicas de los vivos.
A la vez, se la gorificaba en batallas heróicas . Morir de jóven era pasar a la inmortalidad y la memoria colectiva. Muy lejos de las piruetas contemporáneas para fingir demencia y esquivar la noticia de un final inevitable.
Hoy la muerte del "otro ", es sentida en un par de posteos, perennes, y con la marca del olvido.
Es la muerte de compromiso, la de la cáscara vacía , la del mensaje de cajetilla. El QEPD. Todo se pierde en el camino, La verdadera significancia, del acto de la finitud del ser humano, espera paciente en la terapia intensiva.
Se repiten fórmulas, a ciegas, de la "fiesta de la muerte" , pensando que -esos seres entrañables- podrán resucitar mágicamente, en una nube de fotos y videos, del idolatrado iPhone.
La noticia de la operación de urgencia, del Papa León XIV, constituyó otro movimiento sísmico de nuestra estantería existencial. Enterarnos de su enfermedad , con el antecedente de ser un hombre sano , deportista y no fumador: sacudió la creencia de que quienes tienen el teléfono directo de Dios , pueden gambetear la parca, un par de temporadas más.
Cuando más necesitabamos su bendición , resulta que su viaje a la Argentina podría quedar portergado. Invade nuestra psique , el personaje de Woody Allen , en Hannah y sus Hermanas. Mickey Sachs, un productor de tv, sufre una ataque hipocondríaco , tras un episodio de salud. Teme a la muerte y busca una salida espiritual , recorriendo el espinel de todas las religiones y prácticas espirituales.
La invasión de la "marca muerte", hizo recordar que existe un especialista, en la cartilla de la prepaga, que se llama: cardiólogo.
Joaquín Sabina supo lanzar una mortífera metáforta, al conocer la noticia de la muerte de su querido amigo :Adolfo Castello. «¡Que muera la muerte, carajo!», recitó a modo de plegaria.
El ruego no dio resultado . Sigue "viva", aunque parezca un absurdo. La noticia de " in extremis" , es que si toca tu puerta puedes ganar tiempo y decirle, que se ha equivocado de timbre y pase en otro momento.
Horacio Caride




