Tres hechos pueden solventar un cambio de clima electoral o aumentar el pesimismo del gobierno, en un contexto de embudo de gestión pronunciado. El primer test será la elección presidencial, en Brasil, el próximo 4 de octubre. Milei se jugó todo por el candidato de la derecha, Flavio Bolsonaro. Hay en total 11 candidatos a presidente. Sin embargo, el líder del PT y el Bolsonarismo polarizan las decisiones de un electorado dividido. Hay paridad en las últimas encuestas. Lula , que quiere ir por su cuarto mandato no consecutivo, lidera con apenas cuatro puntos arriba, lo que indica que se disputaría una segunda vuelta.
Lula quiere romper el maleficio de las reelecciones truncas- que viene marcando una fuerte volatilidad del electorado- en las democracias occidentales. La incursión polémica de Milei, en la campaña carioca, insultando su figura, le sirvió a Lula para vertebrar el discurso anti imperialista. Panorama abierto.
El otro episodio ocurrirá el 3 de noviembre, con la elección de mitad de término, una disputa de fondo entre el oficialismo republicano liderado por Trump, y los demócratas que buscan pisarle el poncho al autócrata. Se elegirán 435 escaños de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, y 33 o 34 de los 100 del Senado de Estados Unidos. También 36 gobernadores. Los sondeos indican una derrota significativa para Donald Trump. Preocupa al gobierno ya que la pax cambiaria se sostiene por el apoyo del Tesoro norteamericano.
Por último, el Papa León XIV visitará nuestro país, entre el 8 y el 11 de noviembre. Recorrerá la ciudad (¿un estadio?), Luján y Córdoba. Karina Milei concentra la coordinación política.
Quieren tirarle la manga al Papa y separarlo de grupos peronistas que quieren una agenda con el Sumo Pontífice. Es una incógnita sobre que hará León. El Agustino es un continuador de la obra de Francisco. Sabiendo lo crítico que fue Bergoglio con el gobierno de Milei, se espera algún mensaje social fuerte. Si viene con un mensaje pastoral de unidad, habrá que ver como lo recepciona el gobierno. En cada acción discursiva de García Cuerva hay recelos entre los integrantes de la mesa chica del presidente.
Este triángulo, de acontecimientos, va a generar un clima hacia diciembre. Un cierre del año que será clave medir la salud política y económica del gobierno.
Horacio Caride




