Un día de Trump es como miles de vida en la cubierta del Titanic. El lunes último, potenció las amenazas en torno al estrecho de Ormuz , enfrentó con virulencia al Papa León XIV y se permitió bromear con un chica de delivery de Mc Donalds, en plena rueda de prensa.
Dijo que la guerra iba a ser de corto alcance, sin embargo está cumpliendo un mes y medio. La misma está generado altos costos a su capital político en el fuero interno y externo. Analistas internacionales pronostican que recibirá una paliza en las elecciones de mitad de término.
En el estrecho de Ormuz se juega el destino de la economía mundial y sus reservas energéticas. Trump sigue fingiendo demencia y asegura que Irán está cediendo y quiere pactar. En tanto, su vice ( J.D Vance) recibió dos reveses en sus gestiones. La de la infructuosa paz en Pakistán y la derrota del líder húngaro, Orbán, a quien la administración republicana apoyó hasta el último aliento.
Trump eligió como blanco de sus ataques al Papa , también de origen norteamericano. Habrá creído que por ser conciudadano se vería obligado a brindarle obediencia. Prevost le contestó con altura celestial. Le explicó en cristiano que el rol de un Papa en el Vaticano es abogar por la paz mundial.
Quien lo dice importa. Su posicionamiento en esta guerra lo ha ubicado al Sumo Pontifice en digno sucesor de Francisco, quien además de adelantar el escenario geopolítico dio a su acción pastoril una cara humana sin precedentes.
Trump chorrea vulgaridad y en medio de todo este complejo panorama , se permite posteos simulando ser Jesus o bromear con una empleada de Mc Donalds en plena rueda de prensa, en la Casa Blanca. “¿Te gustaría hacer una pequeña rueda de prensa conmigo?” y la hizo pararse incómodamente a su lado mientras respondía preguntas sobre sus amenazas de bloquear el estrecho de Ormuz y su negativa a disculparse con el Papa .




