Lionel Messi entró La Casa Blanca de la mano del villano favorito del planeta mundial. Lo hizo en un contexto de guerra en Medio Oriente. Si bien la visita fue protocolar y para todo el equipo que lidera, el MLS de Miami, la figura publica del astro futbolístico generó lectura múltiples y una inevitable polémica.
Detrás de ellos,, todo el plantel del club cuyo dueño es el inglés David Beckham ( extrañamente ausente en la ceremonia). Mascherano sonreía , en un punto de referencia privilegiado de observación, como pensando "hoy te podes transformar en héroe, Lio". Sin embargo, horas después ,en Argentina, el capitán de la Selección se sumergía -sin quererlo-, en la bendita grieta.
Una interferencia ,más, a menos de 100 días de la Copa del mundo , junto con el enchastre de la AFA y el Chiqui. Reaccionaron los que se indignaron con la foto del 10, ante un líder de la política mundial, sumamente controversial, y los que prefirieron tomar el evento como un inevitable paso de diplomacia , en el que futbolista poco podía hacer para zafar.
El juego de espejos sobre qué hubiera hecho Maradona ante parecidas circunstancias, es contra fáctico y es menester recordar que cuando era pibe, el crack de Fiorito , tuvo que darle la mano a Videla , por los festejos de la Copa del juvenil del 79.
Diegote quizás hubiera plantado a Trump o habría asistido con un habano y la gorra de Fidel. Siempre tuvieron aspectos contratantes, en sus personalidades, y en lo único principal que se asemejaron Diego y Messi fue en hacernos felices en un campo de juego.
Es cierto que cuando quiso evitar un gesto político o hacerlo en manera de ausencia ,Messi evitó el balcón de la Rosada durante la presidencia de Alberto , trayendo al país el máximo galardón desde Qatar.
También, no hay una sola foto del mejor jugador del mundo con Tapia , desde que este asiste a los bombardeos de Comodoro Py. La famosa y lamentable grieta entre los argentinos, es como el tango, es decir te espera pero inevitablemente llega hasta para quien parecía un intocable. Bienvenido a la realidad. Pulga galáctica.
Horacio Caride




